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Dirigiendo en la sombra (y III)

Escrito el 18 marzo, 2009 por Burroughs

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Hablé en Dirigiendo en la sombra (I) sobre la base que debe tener una hermandad que, en caso de necesidad, se vea obligada a ser administrada por una persona que no pueda estar en el juego: Objetivos, filosofía e información adelantada sobre cuánto dura la extraña situación. Luego, os escribí en Dirigiendo en la sombra (II) para hacer especial hincapié en mantener una comunicación bastante constante con toda la plantilla durante vuestra ausencia.

Hoy os traigo, a modo de ejemplo, diferentes momentos de la hermandad que he dirigido estos dos años: Utopía.

Antes de nada, dejo algo clarísimo. No quiero que nadie me venga con historias raras después: esta mini-colección de artículos hay que cogerla con pinzas. Y bien esterilizadas, porque aunque me vinieron dadas las cosas así y la experiencia rodó para bien, ni soy todo el mundo ni todas las hermandades la mía.

Hace dos años comencé a construir mi hermandad en un servidor de rol escaso de población y de gente que estuviera al corriente del PvE. Arriesgamos mucho al confiar en un entorno que no era el adecuado.
Pero empezamos.

Aunque la idea administrativa original era anárquica y de consenso común, pronto dimos con que todo el mundo es novato hasta que se curte.
No guardaba buen recuerdo de Terenas/Tyrande, pero era más de lo que mis compañeros podían tener.

Tomé las riendas de la hermandad y cogí el toro por los cuernos.

Poco después de firmar el estatuto, me vi en viajes de trabajo sin poder estar en el chat verde durante un mes largo. No hubo tiempo de establecer pautas de dirección tan claras como para delegar en alguien, así que usé la comunicación con lo que tenía a mano: el foro fue el modo de estar cerca de mis chicos.

Al volver, las cosas iban ligeramente más avanzadas de donde las dejé.
Fueron tiempos complicados, pero funcionó.

Trabajamos duro durante un año y medio, sin interrupciones, limpiando el contenido de TBC. Hacia el final no éramos todos los que empezamos, cosas de la VidaReal™, pero poco importaba teniendo delante Wrath of the Lich King. Sería como empezar de nuevo, pero con práctica. No consideré la necesidad de volver a machacar lo del principio. Ya sabéis: remarcar los objetivos, necesidades, pulir formas de conducir la hermandad por el buen camino.

Craso error.

Un par de semanas después de lanzarse esta expansión, problemas personales me apartaron del juego durante meses.

De nuevo, me mantuve en contacto con la gente todo lo que pude. Delegué en un chico que había estado en la hermandad casi todo el tiempo, y del que sabía, a raíz de conversaciones interminables de madrugada en Ventrilo, que compartíamos la misma filosofía. Acordamos que si surgía algo complicado, me darían un toque y mi voto sería el decisivo.

Esta vez me apoyé en el teléfono. Cada tres o cuatro días llamaba a alguien, oficial o raider, para saber cómo iban las cosas. Además, fui dejando aquí y allá lo que veía necesario, clavando señales por el camino. Poco antes de volver casi no era necesaria mi intervención y lo que me contaban era bastante equilibrado y justo.

Los oficiales habían aprendido rápido y demostraron ser gente capaz.

Ahora, apartado indefinidamente del juego, recuerdo lo hecho en este espacio que Biskit me brinda. Destilo lo aprendido con el tiempo para ofrecerlo con la mejor de las intenciones.

Estos tres artículos enfocan qué hacer si no podéis entrar en Azeroth, pero tres cosas son importantísimas.
La gente que dejemos al mando, en el fondo, es quien tiene la última palabra y potencial para hacer cosas. Confiad en ellos y recordad que habrá pequeños cambios que os sorprendan al volver.

Aferrarse impulsivamente es lo peor que podemos hacer. Si decidís seguir en la brecha desde lejos, tened claro que es una situación delicada. Sólo debe tomarse cuando estéis seguros de que el equipo en el que os apoyáis es gente que se complementa y vuestras actuaciones van a llevarse en ocasiones puntuales.

Si desde el exilio hacéis lo mismo –¡o más!– que cuando estabais dentro, algo huele a podrido en Dinamarca.

Cierro con unas pocas palabras que debéis tatuaros:
Antelación. Comunicación. Comprensión. Multióptica. Paciencia. Imparcialidad. Decisión.

Esas siete palabras deben ser, en mi opinión, los pilares de un maestro de hermandad.




  1. Dirigiendo en la sombra (II)
  2. Dirigiendo en la sombra (I)
  3. Novedad sobre el “housing” en WoW

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